dissabte, 19 de setembre de 2015

Estudiar en tiempos de guerra




La Universidad de Alepo cuenta con 20.000 estudiantes, explica Enwer, estudiante de medicina. Enwer es de identidad kurda, originario de Kobanê, a donde no viene desde antes del asedio. Ahora para regresar, ha tenido que viajar desde Alepo por carretera a Damasco, tomar un avión a Qamislo, y desde Qamislo en autobús a Kobane.

En Alepo la vida es peligrosa, sale de casa por la mañana sin tener la garantía de que por la noche volverá. La población universitaria es todavía alta, y en algunas aulas, repletas, hay estudiantes que deben sentarse en los escalones, pero según datos de wikipedia, en el curso 2005-2006 estuvieron matriculados el triple de estudiantes. Alepo está dividida en varias zonas. Una pequeña, de población kurda, bajo control de las YPG/YPJ, otra bajo control de grupos rebeldes, y otra bajo el régimen de Bachar. La Universidad está en la zona bajo control del régimen, y Enwer habita una vivienda compartida no muy lejos. No podría ser de otra manera, pues si tuviese que cruzar de una zona a otra se arriesgaría a que le disparasen los francotiradores; y si quisiera dar un rodeo seguro, éste sería de unas nueve horas.

Enwer dice que siente la Universidad como un lugar seguro. Hoy los militares no entran ni se escucha el fragor de los combates desde sus instalaciones. Pero olvida mencionar que en enero de 2013 la Universidad fue bombardeada, provocando una masacre. Quién sabe, quizás dos años y medio son mucho tiempo, y en Siria la gente ha aprendido a continuar a pesar de las tragedias, porque son demasiadas, y sería materialmente imposible dar un sólo paso si hubiera que detenerse ante cada luto.

Matricularse en la Universidad de Alepo es gratuito, pero en tiempos de guerra estudiar tiene también sus complicaciones económicas, porque si se viene de otra ciudad es necesario pagar alojamiento y demás gastos, y el poder adquisitivo ahora es quizá diez veces menor. Y porque las llamadas al servicio militar en el ejército de Assad se han hecho más rigurosas y, según cuenta otro estudiante, ya sólo es posible conseguir la prórroga por estudios previo pago informal.

Enwer cuenta que en la Universidad no se fomenta el uso del idioma kurdo, ni siquiera existe un departamento de kurdo, cuando sí lo hay de persa o armenio. Y tampoco es posible organizar actividades de carácter político, pues cuando esto ha ocurrido la policía ha realizado arrestos, cuenta. Enwer, siendo menor de edad, estuvo detenido, por tener amigos en el PKK y por celebrar el Nemrow en las calles. Estuvo encerrado cinco meses, hasta que estallaron los incidentes en Daraa, dando inicio a la crisis y posterior guerra civil siria. En aquel momento la policía se apresuró a soltar a los presos kurdos, cuenta.

La guerra ha dividido a la comunidad estudiantil. Ahora hay mucho recelo. Las diferencias entre bandos se reproducen también aquí, y ya no ocurre como antes, cuenta, cuando cualquiera visitaba la casa de cualquiera.

Cuando el autobús de Qamislo entra en Kobanê, lo hace por el este de la ciudad, por la zona más castigada. Es de noche, y la luz de los faros va cruzando por los edificios en ruinas. Enwer observa boquiabierto. Según le han contado, de su casa apenas queda alguna pared en pie.

@annafrank4

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