divendres, 11 de setembre de 2015

Una realidad tras la guerra

-¡Las guerras son aburridas! -confiesa el YPG alemán, con una sonrisa. Caminamos por los escombros cercanos a la plaza Azadi, que se planean dejar tal como están, para que formen parte de lo que será el futuro museo de la guerra en Kobanê. Vamos al encuentro de un grupo de voluntarios civiles internacionales, para socializar un poco, porque el alemán lleva varias semanas en el frente del Eúfrates cargando con mucho aburrimiento.

Otro YPG, un norteamericano de EEUU , lo explicó la noche antes de otra manera:

-Existe una gran frustración entre el voluntariado internacional, sobretodo entre quienes no cuentan con experiencia militar. Se creen que van a bajar del avión y alguien los llevará directamente al frente, donde matarán a asesinos de niños -. Él estuvo hace años en la US Army, y en Rojava también destinado en el frente del Eúfrates. Y anoche aquí en Kobane, en la sobremesa nocturna junto a otros compañeros, se muestran fotos y vídeos, recogidos en sus celulares. Celulares que son privilegio de los voluntarios internacionales, porque en general quien combate en el frente, tiene prohibido su uso, por motivo de seguridad. Y algunas de las fotos que ahora muestran son de cuando se dieron un baño en el Eúfrates. Bajaron de sus posiciones, en la ribera este, y se dieron un chapuzón, a pesar de que desde el otro lado, en la oeste, el DAESH les disparaba desde sus posiciones. Contaban que les caían las balas, pero lo más chocante, era que las ignoraban y seguían bañándose -: Es extraño a lo que te llegas a acostumbrar, y además tan rápido. A los pocos días los morteros dejan de asustarte, duermes con sus explosiones, caen no tan lejos, y tú sigues con lo tuyo. Y aquellas balas en el en el río, disparaban desde lejos, es cierto, era difícil que acertaran, pero siempre hubiese podido suceder, es extraño.

Los recuerdos del Eúfrates son agridulces, y los voluntarios están ahora en Kobanê, por diferentes motivos. Alguno con infección de estómago, otro que regresa a su casa, y otros más solicitando un cambio de unidad, en busca de una rutina les pueda resultar más intensa, o quizás les permita politizarse más. Y toca entonces esperar, quizá mañana, pasado, o quizá el otro. Aquí nunca se sabe, luego llega el coche y todo prisas porque te están esperando. Pero mientras tanto toca esperar.

-En el frente del Éufrates si hay algo de combate es de noche, y es de noche cuando se hacen las guardias. Pero el resto el día te tienes que buscar algo, para no morir de aburrimiento, quizás leer un poco, quizás mejorar la posición. Yo aproveché para hacer algunas estanterías en la casa que ocupaba nuestra unidad, y también ponía bolas de pan en la terraza. Poco a poco empezaron a venir algunas bandadas de pájaros. Al principio no veíamos volar ninguna. Y después vinieron también otros animales, como un par de perros que empezaron a merodear por la casa.

>>No vivimos noches de bailes alrededor del fuego, con las compañeras de las YPJ -sonríe al contarlo- no, no, nada de eso. Quizás en otro frente, o en otra guerra -y el resto de compañeros ríen también con la ocurrencia -¿bailes alrededor del fuego?, no, no, nada de eso.

Por la noche lo que toca es hacer guardias, y descansar lo que se pueda. El problema surge cuando alguna guardia se duerme. Porque hace tiempo que el frente está muy tranquilo, y algunos compañeros, generalmente los más jóvenes, pierden la atención.

-Yo si veo alguno durmiendo le quito el arma -dice uno con experiencia- así cuando se despiertan les entra la preocupación: ¿dónde está mi arma', ¿dónde está mi arma?...

Pero la vida en el frente es difícil para cualquiera, no sólo por el riesgo de la muerte, sino por el hambre, el sueño, la sed, la suciedad...

-De la muerte escuché alguna vez decir a combatientes kurdos que querían ser mártires Y cuando algo así pasaba yo respondía: “Estás loco. Los del DAESH están locos, y tú también” -. Esto lo cuenta el voluntario que colocaba pan para que regresaran los pájaros, y añade -: Pero de verdad la vida de esta gente no es fácil, cuando comparas lo que nosotros tenemos con lo que alguno de ellos tiene.

Pero quien habló con mayor concisión de su experiencia fue otro canadiense, quizás por el pragmatismo anglosajón:

-Todavía no he visto a un DAESH -y lo decía con ironía, porque él estaba llegando de Hasaka, donde el combate había sido fuerte-. Pero el combate yo sólo lo vi de lejos, nuestra unidad estaba lejos, imposible saber si les acertábamos al disparar... El combate calle por calle, la toma de barrios al asalto, de eso nada de nada, porque lo hicieron otras unidades.

Una semana después, como miembro de Kurdiscat, la gente del media center en Amudê me facilitó una visita a las posiciones del frente en Hasaka. Hice el viaje con una fotógrafa japonesa que venía del frente en Sengal, donde dicen que las posiciones entre las fuerzas kurdas y el DAESH distan sólo cinco metros, y había estado también dos meses en Kobanê, durante el asedio y la liberación. Atravesamos la llanura, semidesértica pero tan capaz de producir trigo, el viento la azotaba y entre las nubes de polvo se distinguían figuras humanas, y a veces en la lejanía, el relieve de alguna de las colinas, que dan nombre a las poblaciones, o quizás un granero gigante, como cuando se distingue un buque al fondo en el mar. El conductor nos señalaba su pueblo, nos invitaba a visitarlo más adelante, y nos daba también detalles sobre las dificultades de la vida desde que empezó la guerra:

-Esté pantalón, por ejemplo, antes costaba 1000 libras sirias, y ahora cuesta 4.000; y el kilo de estos cardamamos que comemos, antes estaba en 500 libras, y ahora ya va por las 6.000, y así con todo.

Llegadas a la ciudad de Hasaka entramos en una base de las YPG y nos acompañaron a un despacho. Era un despacho amplio, limpio. En lugar del mobiliario a ras de suelo, los sofás para reuniones formales. Nos recibió un comandante de mirada viva, originario de Afrîn, en las habituales formas corteses, a quien el conductor explicó que queríamos visitar el frente. El comandante nos preguntó por nuestro trabajo y durante un rato conversamos sobre la situación actual de Rojava. A nuestras preguntas, a menudo respondía con alusiones a la filosofía de Oçallan, que definía como una filosofía de liberación del ser humano. Todo ocurría mientras en el despacho entraban y salían otras personas, a veces militares, a veces civiles, que tenían que resolver algún asunto. La etiqueta obligaba a levantarse y estrechar la mano.

En el despacho había también televisión, un canal kurdo con las habituales imágenes de la guerrilla, con imágenes de la resistencia kurda estos días en Bakur, o del desenlace general de las guerras en oriente medio. Colgadas en la pared imágenes de los mártires; algunas de combatientes que nos dejaron hace tiempo, en otras guerras, y otras de quienes se fueron más recientemente. Mártires cuyos retratos se ordenaban en escala ascendente, hasta una cumbre coronada por el retrato final de Abdullah Öçalan. Como composición era idéntica a las de muchas iglesias o monasterios: personajes santos que ascienden a los cielos para reunirse con Dios. Y el edificio desde donde se gestionaba esta guerra tenía igualmente sus equivalencias con un monasterio: uniformes y celibato, la televisión con su letanía de imágenes repetidas, y la filosofía de Oçallan absoluta como una doctrina religiosa. Vida austera, compañerismo y amabilidad.

Nos ofrecieron de comer. La fotógrafa insistió en que exactamente lo que quería visitar era el frente en Hawl, donde actualmente se libra algún combate. Después continuamos nuestra espera con más té, hasta que nos subieron a otro coche. Esta vez nuestro conductor no era del media center de Amude, sino un combatiente de las YPG, y con él abandonamos la ciudad de Hasaka. En las afueras llegamos a otro cuartel, que llevaba el nombre de Mártir Siyar, y de nuevo vuelta al procedimiento: Saludos, despacho y té. Las imágenes de mártires que lo decoraban esta vez, no se ordenaban en escala ascendente, sino en círculo, rodeando la imágen central de Oçallan. Se trataba de quince combatientes, que habían muerto por la explosión de un coche bomba, conducido por un suicida contra la entrada del cuartel. Los sofás eran ahora más humildes, porque estábamos ya un poco más cerca del frente. Todo es como una peregrinación, de un templo de la guerra al otro, en busca de la verdad de la guerra, como si fuéramos en busca de una experiencia religiosa. Sin embargo en ese cuartel estuvimos muy poco tiempo, en seguida dieron su permiso y pudimos continuar hacia el siguiente cuartel, donde, si daban su permiso también, llegaríamos a las posiciones del frente.

El camino transitaba ya por los paisajes destruidos de la guerra, “en este barrio entró el DAESH hace un mes, y mataron a todas las familias”, “en esta riera estaba la línea del frente, yo mismo estuve posicionado aquí”. El nombre de nuestro conductor YPG traducido significa Montaña. Montaña tiene alrededor de cuarenta años y es originario de Hasaka, pero es uno de esos kurdos que vivía en Alemania y que cuando estalló la guerra se vino a pelear. Tiene allí mujer e hijos, pero ella en cambio no quiso venir. Montaña vino hace cuatro años, y desde entonces es poco lo que sabe de su familia. Sin embargo aquí debe pertenecer a un clan amplio, pues dice que 52 miembros de su familia combaten en las YPG. Cuenta también que dos hermanos suyos están heridos, y que otro cayó mártir. Es sorprendente aquí como la gente, quizá por fuerza de la costumbre, es capaz de hablar del sufrimiento con sencillez y hasta con dulzura.

Montaña nos señala los coches bombardeados, habla de los fuegos que el DAESH hace para dificultar la visibilidad de los cazabombarderos. Cuando dejamos atrás las afueras de Hasaka, entramos otra vez en el paisaje vacío, esta vez en dirección a unas montañas. La fotógrafa pregunta por Hawl y se desilusiona al saber que no vamos en esa dirección. Pero Montaña es todo buena disposición y anima diciendo que quizá podamos ir a unas posiciones separadas del DAESH por sólo 300 o 500 metros. Es como si quizá sean lo suficientemente cerca como para experimentar el misterio de la sangre sagrada. En la falda de las montañas se ve un pinar, todo un oasis en este territorio, pero al acercarnos resulta que era un campo de entrenamiento del DAESH, y que está minado. Atravesado el pinar llegamos al cuartel, de nombre Maglloja, que ya tiene un aire mucho más de campaña: nada de sofás, espacios mucho más improvisados y habitaciones vacías. De las paredes cuelga tan sólo algún contado retrato de mártires. Están comprobando que un punto en el techo sea lo suficientemente sólido como para colgar un ventilador. Hay quienes comen, pero al vernos se levantan, limpian la mesa y nos ofrecen sentarnos. Al poco rato se presentará el comandante y dará instrucciones a nuestro conductor. En Hasaka se había hablado algo de estar cuatro días, pero el comandante aquí dice que dos.

De nuevo en el coche Montaña conduce entre las montañas solitarias. Nos lleva a la fortaleza de Sokkara, unas torres antiguas, construidas en tiempos de Saladino, ahora semiderruidas, que coronan una abrupta colina. Un santuario al que debemos subir por un escarpado camino, peldaño a peldaño. Alrededor sólo hay calor, silencio. Arriba unas sombras nos esperan pacientes.

La posición militar de Sokkara cuenta, además de con las torres semiderruidas, con una tienda de campaña, con una cocina alojada en una de las torres, y con un perímetro de sacos rellenos de tierra. Hay unas antiguas y gigantescas cisternas excavadas en la roca, ahora secas, donde el DAESH acostumbraba a tirar a sus víctimas. Cuenta con un generador eléctrico y con unos potentes focos desde los que por la noche se ilumina alrededor. El DAESH está tras esa colina, explican, y nos invitan a entrar en la tienda, que tiene un carácter multiusos. Hay en ella una televisión con las habituales imágenes, aunque aquí no se ve ninguna clase de retrato colgado. La fotógrafa está enfada porque ha comprendido que será una visita rápida, y ella lo que quiere es retratar la vida en el frente, para lo que necesita compartirla.

Nos sentamos en círculo y los combatientes nos ofrecen leche caliente. Quizás somos sólo una variación en su rutina diaria, pero parecen interesados y guardan un respetuoso silencio, a la espera de que expliquemos el objeto de nuestra visita. Su media de edad es joven. La fotógrafa susurra que, con el tiempo contado, no cree que genere confianza o intimidad, así que soy yo quien interviene, y empiezo por decir que Kurdiscat es un grupo que apoya en Catalunya la lucha de la nación kurda, que informamos diariamente por web y en charlas, que organizamos campañas de recogida de fondos, eventos y movilizaciones. Después les preguntamos por la situación en el frente, aunque la conozcamos ya. Y antes de que puedan perder el interés proponemos que expliquen, cómo se vive la amistad en las YPG. Uno por uno toman la grabadora de sonido y responden. Cada cual a su manera, algunos más capaces de hablar desde el corazón que otros cuyas palabras suenan más esteriotipadas, hablan de los mismos temas, de la camaradería sin distinción de etnia; de hacer las cosas juntos de la mañana a la noche, de no abandonar a los heridos en el frente. Hablan de la filosofía de Öçallan, de los mártires y de hacer cualquier esfuerzo necesario para recuperar el cadáver de un compañero. Finalmente concluimos nuestra visita paseando por el perímetro de la posición y contemplamos la desnudez de las montañas que nos circundan. Nos despiden y descendemos los peldaños del escarpado camino, el coche nos espera.

De nuevo en Maglloja no tardan en ofrecernos algo de comer. Hemos de visitar otra posición, conocida como Panorama, pero ahora engullimos. Comida también habitual: ensalada, pan, patatas y berenjena frita. Estamos comiendo con voracidad cuando un disparo suena afuera, o quizás adentro, porque la detonación retumba en las paredes hasta golpear nuestros tímpanos, dejándome algo aturdida.

-¿Qué pasa?

-Quién sabe, seguramente nada.

Y terminamos de comer.

De camino a Panorama, Montaña continúa con su buen humor y sus explicaciones, “aquí estaba instalado uno de los emires del DAESH”, dice señalando una casa revestida de mármol, “y aquello en medio del bosque eran instalaciones de entrenamiento. Ofrece cigarrillos y entonces, entre el traqueteo del coche, nos confiesa que quiere ser mártir. Es la fotógrafa quien lo repite, porque sus palabras se han mezclado con la canción de la radio.

-¿Has oído?, Montaña ha dicho que quiere morir mártir.

Suspiramos, perplejidad y más suspiros. Quiere ser mártir en la guerra de Rojava.

-Tú no tienes que ser mártir, porque cuando acabe la guerra habrá que reconstruir el país.

Pero él insiste, dice que quiere ser mártir, para reunirse con su hermano, que era joven y un gran combatiente, en el cielo. Y lágrimas silenciosas resbalan por sus ojos.

-¿Por qué quieres ser mártir, Montaña? ¿Por qué no seguir viviendo? Reconstruiremos juntos Rojava, amigo, claro que sí, nosotras ayudaremos.






A Panorama es posible subir directamente en el coche, pero la posición hace claro honor a su nombre: un punto estratégico sobre el resto de colinas, por completo desnudas, colinas grisáceas donde la luz rebota, volúmenes puramente geométricos, envueltos también en la pureza de un silencio más propio de los abstractos espacios matemáticos.

Ahora la oficina para la reconstrucción de Kobanê está preparando un ambicioso proyecto para la construcción de más de mil viviendas. Están pensadas para las familias que han perdido a alguno de sus miembros en la guerra. Se promoverá que la población local colabore trabajando voluntariamente en su construcción. Están pensadas en módulos de seis viviendas, de modo que cualquier persona, grupo o administración, con poco o mucho presupuesto, puede contribuir apoyando la construcción de uno o varios módulos. Para más detalles es posible contactar con Kurdiscat (kurdiscat@gmail.com),y escribiendo directamente a una de las personas responsables del proyecto:

Sr. Herdem Dogrul, herdemdogrul@gmail.com, 00 90 (0) 5459381275.

También es posible apoyar a través de la campaña de coopfounding organizada por KurdisCat.

@annafrank4


1 comentaris:

  • Nedilo says:
    12 de setembre de 2015 a les 8:32

    la guerrano es sólo el combate, la guerra es un fenómeno muy complejo

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