diumenge, 29 d’abril de 2018

Kurdistán: un pueblo que no quieren que exista. Retazos de una visita a Bakur (1/9)

Aunque muchas y muchos de nosotros hayamos escuchado el término kurdo/a, y dicho pueblo sea conocido a nivel mundial mucho más que otros pueblos sin Estado, el kurdo es un pueblo negado en gran parte de los territorios en los que lleva siglos viviendo. Como es bien sabido, este pueblo de más de 40 millones de personas (no existe un censo exacto, y muchas personas kurdas no tienen tampoco conciencia de serlo) se distribuye entre cuatro estados que lo niega como pueblo: Turquía, Siria, Irak e Irán. Si se puede hablar de elementos comunes a todos ellos habría que referirse a la histórica negación y la represión del pueblo kurdo, si bien con sus particularidades, que varían en función del gobierno de turno y de la correlación de fuerzas en cada lugar y en cada momento. Hoy en día existen situaciones muy dispares entre las zonas liberadas de Rojava (Oeste de Kurdistan), el Bashur (Kurdistan sur) bajo administración iraquí gobernado con gran autonomía por el clan Barzani, y las otras dos zonas bajo la férrea administración de los estados turco e iraní, denominadas en kurdo Bakur (norte) y Rojhilat (este), respectivamente. En cualquier caso, la resistencia y la lucha que históricamente ha desarrollado este pueblo por su reconocimiento y liberación es otra constante de los cuatro territorios citados que llega hasta nuestros días.

Visitar Bakur y hablar con multitud de personas y organizaciones políticas y sociales permite acercarse a esa realidad. Y la primera sensación que se tiene nada más llegar a Amed (en turco Diyarbakir), y que se reafirma constantemente con el transcurso de los días y de las conversaciones, formales e informales, es que el pueblo kurdo es un pueblo que no quieren que exista. Tal afirmación puede resultar obvia y sabida de antemano, más viajando desde Euskal Herria, otro pueblo cuya identidad y derechos continúan negados muchos siglos después. Precisamente este hecho hace que los intentos de invisibilización del pueblo kurdo no nos llamen tanto la atención, al menos en comparación con un/a, pongamos por caso, ciudadano/a solidario/a europeo/a tipo que se sorprende de la represión en Kurdistan y desconoce la práctica de la tortura y la existencia de centenares de presas/os políticas/os en varios estados de la UE. El hecho de ser vascas/os permite también encontrar gran número de similitudes en la situación de ambos pueblos, sin pretensión de comparar miméticamente dos pueblos con procesos diferentes y con una complejidad interna tan grande. Siendo conscientes de las diferencias entre la situación en la CAV, Nafarroa e Ipar Euskal Herria, podremos entender fácilmente la complejidad que supone estar divididas/os entre cuatro estados. En cualquier caso, “it´s very similar” e “it´s the same” son expresiones que hemos escuchado en reiteradas ocasiones al intercambiar descripciones de numerosos aspectos de ambos pueblos y, sobre todo, al describir las estrategias represivas utilizadas por los estados.

El estado de excepción que se mantiene desde julio de 2016, decretado tras el confuso intento de golpe militar, disminuye aún más las garantías de poder desarrollar actividades de tipo político o incluso cultural, si son críticas con el gobierno. Si bien la mayoría de las personas detenidas y procesadas en un primer momento (policías, académicos/as, periodistas, jueces…) supuestamente pertenecían al entorno de Fethullah Gülen, el contragolpe represivo ha sido aprovechado para aumentar aún más la presión sobre el movimiento kurdo, el verdadero enemigo de las ansias autócratas y centralistas de Erdogan.

Texto y fotografías: Iñaki Etaio, miembro de la delegación vasca a Bakur, de primavera del 2018, en el Newroz. Este reportaje, sobre diversos aspectos de lo que vieron y escucharon está compuesto por 9 secciones
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