dijous, 8 d’octubre de 2015

La acusación de terrorismo es un atentado contra los más elementales principios democráticos

Cuando el 2 de septiembre fui a recoger en la oficina central de Correos de Pamplona la respuesta definitiva a mi solicitud de visado para viajar a EEUU, me llevé una de las mayores sorpresas de mi vida: se me prohibía la entrada en ese país debido a mis “actividades terroristas”, tal y como se decía expresamente en un documento oficial del Departamento de Estado firmado por la vicecónsul Julie P, Akey.

Había solicitado, a comienzos de mayo, la Electronic System for Travel Authorization, más conocida por las siglas ESTA, para un viaje familiar de vacaciones con mi mujer y mis dos hijas por la Costa Oeste de Estados Unidos. Se trata de un permiso que se tramita vía internet y que suele tener respuesta positiva instantánea ya que con pasaporte español no se necesita visado para este tipo de viajes. Entonces ya me sorprendió que me denegaran esa “rutinaria” autorización cuando se la daban al resto del grupo familiar.

En la negativa también me ofrecían la posibilidad legal de pedir un visado especial y mantener la correspondiente entrevista en el Consulado de Madrid. En esa cita, celebrada el 19 de mayo, se me comunicó que no podían concederme el visado debido a que mi nombre y apellidos coincidían con una persona de nacionalidad ecuatoriana que tenía asuntos legales pendientes en EEUU. Se me pidió información personal complementaria y se me dijo que la comprobarían con los de mi supuesto doble para aclarar la confusión, advirtiéndome que este trámite podría durar varios meses.

La información complementaria que les envié de forma inmediata era exhaustiva y debía deshacer el entuerto con facilidad: libros publicados, conferencias y congresos, viajes, clases impartidas y, sobre todo, más de treinta años dedicados al periodismo, de forma especial a Oriente Medio y la causa kurda.

Aunque, para resolver este problema bastaba con poner mi nombre en Google, los “mejores” servicios de información del mundo han tardado cuatro meses en cotejar los datos, para, finalmente, denegarme el visado por la citada acusación, una de las más graves que se pueden hacer en la actual coyuntura internacional. No era cierto, por lo tanto, que tuviera un doble en Ecuador y, desde el principio, la negativa del ESTA estaba vinculada a mi actividad profesional.

Desde entonces no he dejado de darle vueltas a las razones que han podido llevar a EEUU a considerarme un criminal ya que, en su comunicación oficial, no se da explicación alguna y, lo que es peor, se han negado a darlas cuando así lo he reclamado a la Embajada, lo cual me deja en una situación de total indefensión ante la inmunidad de la que gozan las representaciones diplomáticas.

Cualquiera que conozca mi trayectoria profesional, como periodista e historiador, sabe perfectamente que no tengo nada que ver con “actividades terroristas”. Ante lo absurdo de cualquier otra explicación, he llegado a la conclusión de que algún informador ha malinterpretado alguna de mis numerosas actividades en solidaridad con el pueblo kurdo, causa con la que llevo comprometido –nunca lo he negado- más de treinta años.

Es posible que en estas actividades, incluidas varias conferencias internacionales, haya aparecido junto a representantes de organizaciones que EEUU considere terroristas; también es cierto que, como es obligación para un periodista, he estado en sedes y bases de distintos movimientos armados kurdos e, igualmente y como es lógico después de tantos años dedicado a este tipo de temas, tengo amigos en estos grupos kurdos y hasta puedo admitir que en alguna ocasión he ayudado a alguno de estos amigos a corregir errores ortográficos o sintácticos en escritos suyos, pero nada de eso indica que yo me identifique con sus planteamientos políticos.

Se trata, por lo tanto de un error de interpretación producto del desconocimiento que existe sobre este problema internacional que tanta trascendencia tiene para el conjunto de Oriente Medio, un desconocimiento que en mi caso tiene consecuencias individuales pero, en otros, lleva a cometer fatales errores que afectan a poblaciones enteras, como ha ocurrido en las distintas intervenciones norteamericanas en Irak, en el apoyo incondicional al régimen turco, en la guerra civil siria y ahora en la terrible crisis de refugiados.

En definitiva, utilizar tal calificativo, en unos momentos en que terrorismo prácticamente es sinónimo de yihadismo, supone un grave perjuicio a mi prestigio personal y profesional, limita notablemente mis desplazamientos internacionales debido al seguro intercambio de datos entre los servicios de inteligencia, implica la posibilidad de ser detenido en cualquier momento y atenta contra el libre ejercicio del periodismo, violando así los más elementales principios democráticos.

Manuel Martorell, autor de 'Los kurdos, historia de una resistencia' (Espasa Calpe, 1991), 'Kurdistán, viaje al país prohibido" (Editorial Foca-Akal, 2005) y 'Mem eta zin' (Txalaparta), pequeña versión de la epopeya kurda "Mem-u-Zin", traducida al euskera.

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